Reforzar los vínculos que nos unen
para crecer en comprensión, respeto y acogida
Discurso del Papa en
Nuestras raíces comunes
Nuestra
cercanía y fraternidad espirituales tienen en
Centralidad del Decálogo
Pueden ser numerosas
las implicaciones que se derivan del legado común procedente de
El gran código ético para
De manera especial, el
Decálogo —las «Diez Palabras» o Diez Mandamientos (cf. Ex 20, 1-17; Dt 5, 1-21)—, que procede de
Apertura a la dimensión trascendente
Las «Diez Palabras»
piden que se reconozca al único Señor, contra la tentación de fabricarse otros
ídolos, de labrarse becerros de oro. En nuestro mundo, muchos no conocen a Dios
o lo consideran superfluo, sin relevancia para la vida: de ahí que se hayan
fabricado otros nuevos dioses ante los que el hombre se inclina. Suscitar en
nuestra sociedad la apertura a la dimensión trascendente, testimoniar al único
Dios, es un valioso servicio que judíos y cristianos pueden prestar juntos.
Valor de todo ser humano, creado a imagen y
semejanza de Dios
Las «Diez Palabras»
piden respeto y protección de la vida contra toda injusticia y vejación, y
reconocimiento del valor de todo ser humano, creado a imagen y semejanza de
Dios. ¡Cuántas veces, en todo rincón, cercano o lejano, de la tierra, siguen
conculcándose la dignidad, la libertad y los derechos del ser humano!
Testimoniar juntos el valor supremo de la vida contra todo egoísmo significa
ofrecer una importante aportación con vistas a un mundo en el que reinen la
justicia y la paz: ese shalom invocado por los
legisladores, los profetas y los sabios de Israel.
La santidad de la familia
Las «Diez Palabras»
piden que se conserve y fomente la santidad de la familia, en la que el «sí»
personal y recíproco, fiel y definitivo, del hombre y de la mujer da espacio al
futuro, a la humanidad auténtica de cada uno, y se abre, al mismo tiempo, al
don de una nueva vida. Testimoniar que la familia sigue siendo la célula
esencial de la sociedad y el marco básico en el que se aprenden y ejercen las
virtudes humanas, constituye un valioso servicio que debemos prestar con vistas
a la construcción de un mundo con un rostro más humano.
Actos de misericordia
Como enseña Moisés en
el Shemá (cf. Dt 6,
5; Lv 19, 34) y Jesús reafirma en el Evangelio (cf.
Mc 12, 19-31), todos los mandamientos se sintetizan en el amor de Dios y en la
misericordia hacia el prójimo. Dicha regla obliga a judíos y cristianos a
ejercer, en nuestro tiempo, una generosidad especial para con los pobres, las mujeres,
los niños, los extranjeros, los enfermos, los débiles, los menesterosos. Existe
en la tradición judía un dicho admirable de los Padres de Israel: «Simón el
Justo solía decir: “El mundo descansa en tres pilares:
Diálogo abierto y sincero
En esta dirección
podemos avanzar juntos, conscientes de las diferencias que entre nosotros
existen, pero también de que, si logramos aunar nuestros corazones y nuestras
manos para responder a la llamada del Señor, su luz se acercará para alumbrar a
todos los pueblos de la tierra. Los pasos dados durante estos cuarenta años por
el Comité Internacional de Enlace Católico-Judío (...) constituyen un signo de
la voluntad común de proseguir un diálogo abierto y sincero. Precisamente
mañana,
El don precioso de
Le pido al Señor el don
preciado de la paz para el mundo entero, sobre todo para Tierra Santa. En mi
peregrinación del pasado mes de mayo, en Jerusalén, ante el Muro del Templo, le
pedí a Aquél que todo lo puede: «Derrama tu paz sobre esta Tierra Santa,
sobre el Oriente Próximo, sobre toda la familia humana; despierta el corazón de
todos los que invocan tu nombre, para caminar humildemente» (...)
Terminó el Papa su
discurso rezando
el Salmo 117 en lengua
hebrea:
«¡Alabad al Señor, todas
las naciones,
celebradle, pueblos todos!
Porque es fuerte su
amor hacia nosotros,
la verdad del Señor dura
por siempre».
(Original italiano ; traducción de ECCLESIA.)